viernes

ARMAS Y LETRAS EN LA UANL por Xavier Araiza

ARMAS Y LETRAS EN LA UANL

Xavier Araiza

Durante seis meses este artículo ha sido visitante paciente e imprevisto - como personaje de teatro Pirandelliano en busca de editor - en varias redacciones de periódicos y revistas. Tal vez porque no es “políticamente correcto” y es tan apabullante la algarabía modernizante del presente y del futuro, los editores han preferido no hablar de la historia incómoda que se guarda en el closet junto a los esqueletos que conservan la cara siniestra de la política. Así , en ese peregrinar de visitante en busca de un amable anfitrión, fue propuesto - no simultanea sino sucesivamente - para su publicación en las secciones culturales de los periódicos El Norte, Milenio y en las páginas de las revistas La Quincena y La Rocka. En un periódico no se publicó por falta de espacio. En otro porque, se argumentó, el autor no forma parte de la planta de columnistas del diario. En la revista La Quincena fue rechazado porque - según su director - no está a tono con su política editorial reformista y conciliadora. En la Rocka no encontró hospedaje porque sus materiales se especializan en música y temas de interés para los jóvenes. Así las cosas ¡ helo aquí en el Internet ¡, reproducido por millares gracias a las redes que se tejen en este magnifico invento del hombre. Si usted lo lee y piensa que vale la pena reenviarlo a sus amigos e interesados, se lo agradeceré muy cordialmente. Igual lo haré si lo quiere reproducir en alguna publicación u hojas sueltas como volantes que vuelan. También le daré las gracias si me envía sus comentarios. Este artículo inicia una larga serie de textos sobre cultura y artes, política y filosofía, sociedad y economía, comunicación y silencio, libertad de expresión y censura …)
Los actuales funcionarios de la cultura universitaria dicen, publicitan, que en este año están de fiesta, con manteles largos y toda la utilería usada en estas celebraciones, porque la revista Armas y Letras fundada por Raúl Rangel Frías, cumple 60. Pero en esta celebración hay un error de perspectiva que se hunde en un pantano cultural y político. Si bien la revista nació en 1944, en cuna modesta pero intelectualmente vigorosa, y creció con brío y desafíos anticlericales, de tiempo en tiempo ha tenido sus caídas y recaídas (entre 1970-1973 no se editó la revista), convalecencias y recuperaciones. Y también ha estado en situación comatosa, diría que embalsamada durante ¡19 años! Es decir: fuera de circulación, sin vida universitaria y editorial en los largos años transcurridos de 1977 a 1996.
Hay dos preguntas sencillas que el equipo editorial de la revista, los intelectuales lúcidos y atentos (hijos del Alma Mater o no); los actuales funcionarios de la UANL (con el Rector a la cabeza), el Gobernador del Estado y su Staff educativo, y la ciudadanía toda (dado que la UANL funciona con el erario público) debemos hacernos. Son éstas: ¿Cuáles funcionarios de la universidad, y por qué, decretaron de 1977 a 1996 la suspensión de la revista Armas y Letras? ¿Qué visión de la universidad, cuál práctica política y qué ideas de extensión cultural intra y extramuros imperaron en esas casi dos décadas? Son preguntas necesarias. Preguntas urgentes para saber en realidad lo que ha sido, es y será la universidad en el futuro próximo que ya aletea sobre nuestras cabezas. Si nos hacemos los distraídos o ingenuos y evadimos estas preguntas sólo veremos el espectáculo (por cierto desangelado) de la nostalgia, el regodeo y la autocomplacencia.
La realidad es terca. El hueco de 19 años ahí está. El silencio lo agranda, lo hace evidente, y por más amnesia histórica que se fomente, la memoria y la vivencia recorren la imaginación individual y colectiva. No hay ruido celebratorio, por más espectacular que sea, ni nostalgia de lo que fue la gloria de Armas y Letras, que borre, soslaye, oculte, ese tiempo de abyección universitaria que apagó la flama de la verdad, impuso el silencio de los sepulcros, amenazó y expulsó a los disidentes y a los críticos.
A escala local y con los ingredientes autóctonos empezó, real y metafóricamente, la noche de los cristales rotos y de los cuchillos largos. La UANL se hundió en la opacidad intelectual, la persecución política y el desprestigio (han sido pocos y extraordinarios los intelectuales, académicos y estudiantes que no se sometieron al método del Garrote y la Zanahoria. Los otros, la mayoría, guardaron silencio, se autocensuraron para no perder el empleo).
El humanismo auténtico y el ejercicio político liberal, tolerante y democrático de Alfonso Reyes el Regiomontano Universal, de Raúl Rangel Frías, José Alvarado , Alfonso Reyes Aurrecochea, y de tantos otros que combatieron la mochería y la estulticia de los poderes del estado; en los años 60 se cruza (en sus profundas contradicciones y limitaciones) con la izquierda que ya influía en el campo de la cultura y las artes, las luchas partidarias y la movilización social, sobre todo después de la experiencia rebelde y festiva que terminó trágicamente en la noche de Tlatelolco aquel 2 de Octubre de 1968, que no se olvida. Ambos movimientos: liberal e izquierda fueron acosados y derrotados por la derecha conservadora. La UANL fue el laboratorio de la política estatal del poder: triunfaron las armas de la intolerancia y la represión: perdieron el diálogo y las letras. Los porros y sus jefes se convirtieron en personajes destacados del drama.
Ahí empezó la debacle. La cultura universitaria se empobreció. El debate de ideas y la crítica, fundamento de toda universidad que se precia de ser moderna y se opone Urbi et Orbi al “sano espíritu feudal”, se acallaron en la UANL, dejando paso al conformismo, la apatía, la demagogia. Sobre las ideas, el lenguaje, el diálogo y la polémica entre los diversos en una comunidad plural en esencia -cultural y políticamente-, se impusieron la retórica vacía, la exclusión, el despotismo (no precisamente ilustrado). Llegó el control burocrático, la amenaza a los disidentes, la caricatura de la democracia: El Big Brother instaló su casa en el Campus Universitario.
Así, las poderosas armas de la derecha (el dinero, la intolerancia y la represión), en sus versiones tradicional y neoliberal, le dieron un golpe mortal a las letras de los liberales orgullosos de la revista que fundaron cuando la universidad andaba en pantalones cortos; orgullosos y conscientes de su papel histórico en la política cultural y el impulso creativo que en las décadas del 40 y 50 cambiaron el gesto parroquial y provinciano de Nuevo León. Esa derecha casi exterminó el movimiento cultural en ascenso que, desde el pensamiento crítico y la acción política de la izquierda, empezaba a colorear el tejido social.
¿Estamos en esas? ¿La UANL sigue guardando bajo el tapete los polvos de aquellos lodos? ¿Ahora la apuesta es otra? Para evitar el gatopardismo que aparentemente cambia las cosas para que todo siga igual, la apuesta real, auténtica, por otra UANL tiene que hacerse desde abajo, con la reflexión y el diálogo de los intelectuales, los artistas, los políticos, los profesores, los estudiantes, los trabajadores. Y en esta apuesta es bueno tomarles la palabra y convocarlos al diálogo, a Natividad González Parás y su proclama de ejercer el poder humanista y democráticamente; y al rector José Antonio González que habla continuamente de transformación profunda de la universidad. Un asunto importante que atañe a la historia oculta que debe ser mostrada para conocer el pasado, entender el presente y proyectar el futuro, consiste en saber cuál fue la política hacia la UANL articulada por los diversos gobernadores priístas y por el empresario panista (Martínez Domínguez, Jorge Treviño, Sócrates Rizo, Benjamín Clariond y Fernando Canales), y por supuesto, conocer el perfil intelectual y político de los rectorados de Herr Rectorrr Alfredo Piñeyro, del Cándido Goyo Farías, de Manuel Silos El Ausente (primero prófugo, luego preso y al fin declarado inocente), de Reyes Tamèz El Yusi (así lo apodaban en su época de porro en la Facultad de Biología) y de Galán Wong El Apocado. Parafraseando al filósofo Ludwing Wittgenstein, sobre ellos podríamos decir que “los límites de su lenguaje y de sus ideas han sido los límites de su concepción del mundo”. Y de sus valores y de su ejercicio como rectores.
Para iniciar las respuestas a las dos preguntas insoslayables, llaves maestras del sentido y lectura de los tiempos, sería bueno, extraordinario, que en edición monográfica la revista Armas y Letras abriera el debate sobre la historia, la realidad actual y el futuro de la UANL. Es necesario y urgente. Necesario para definir la participación crítica de los intelectuales, artistas y científicos universitarios en el Forum de las Culturas y el Conocimiento Monterrey 2007. Urgente para saber con cuál modelo económico-social y político-cultural está elaborado el proyecto estratégico de la futura Ciudad Internacional del Conocimiento. De lo contrario se estará haciendo futurismo en el vacío. Y parece difícil que un debate abierto, con libertad intelectual, no atrapado en el modelo en crisis y la Vulgata del Pensamiento Único Neoliberal, lo emprendan el Tecnológico de Monterrey, la Universidad de Monterrey, la Universidad Regiomontana o el Centro de Estudios Universitarios. Aun y que cuentan con académicos e investigadores –hombres y mujeres- humanistas, inteligentes y críticos, lo impiden los intereses empresariales, políticos y confesionales de los patrones. Ya para nadie es cosa ignorada que la baratija intelectual propagandeada - después de la Guerra Fría - por el ideólogo japonés-estadounidense Francis Fukuyama, acerca del fin de las ideologías, el fin de la historia y el porvenir luminoso del capitalismo globalizado, es sólo eso: baratija filosófica devaluada rápidamente por los sucesos que hoy agitan y conmueven al mundo. Con esta ideología en el poder y el panorama dominante en las instituciones privadas de educación superior, no queda duda que el epicentro y la potencialidad de la cultura humanista, crítica y democrática, sigue gravitando en la UANL. Sólo es cuestión de despertarla de su letargo y quitarle los grilletes a la libre expresión de las ideas. Y si pensamos y exigimos esto de la universidad, y a propósito de las otras dos importantes y estratégicas instituciones del estado que funcionan con los impuestos del ciudadano: ¿Cuál es el proyecto de la Secretaría de Educación en estos tiempos de águilas mochas y programas de historia patria mutilada? ¿Cuál es la situación actual y el futuro e inserción de CONARTE en el debate y la manifestación pública de sus saberes específicos y su función social, en torno al Forum de las Culturas y el Conocimiento Monterrey 2007, y al proyecto de la Ciudad Internacional del Conocimiento?. ¿Apuestan -mutatis mutandis- por el modelo del Ágora y el esplendor de la democracia Griega en tiempos de Pericles, defendiendo a capa y espada la importancia de la educación crítica, del arte libre y la realidad multicultural que no se someten a la manía estandarizadora del fundamentalismo neoliberal? ¿ Se oponen a la mano invisible del mercado, al fetichismo de las mercancías y a las leyes irracionales de la oferta y la demanda? De no ser así, esa posible Ciudad hoy idealizada con cierto culto modernólatra, por como están sucediendo rápidamente las cosas en el país de Foxilandia donde ya se manifiesta la amenaza de una posible crisis generalizada (el acoso despiadado y la amenaza de desafuero a López Obrador anuncian ya un turbulento período político en torno a las elecciones presidenciales del 2006) y el giro latente a un Estado autoritario de corte policiaco; esa ciudad que imaginan los señores del Capital, antes que verse en el espejo laico del humanismo, la justicia y la democracia , se verá en el espejo de la violenta y decadente ciudad que, proféticamente (en 1973, si no me falla el recuerdo) filmó Stanley Kubrick con el título La Naranja Mecánica.

Noviembre 15 de 2004
publicado en la página web del MEDUP el 27 de mayo de 2005.