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MANIFIESTO DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL POR LA DEFENSA DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

El sistema capitalista comienza a declinar. En los albores de un nuevo milenio, el régimen mundial se encuentra en crisis: la desigualdad económica y social se acentúa cada vez más entre los países desarrollados y los subdesarrollados; la riqueza se concentra en manos de unos cuantos; los niveles de hambruna aumentan; las guerras continúan; la violación a los derechos humanos sigue siendo una constante; la ONU se desmorona; los sistemas educativos fracasan; la sociedad está fragmentada.

En México, las instituciones de educación superior sufren transformaciones orientadas a la tecnificación del conocimiento como consecuencia del neoliberalismo imperante en la escena nacional. En el marco de dichas transformaciones, las ciencias agonizan, y se acentúa el fracaso de los programas gubernamentales. La falta de proyectos eficaces para la reestructuración de la nación domina el panorama político; las luchas intestinas entre los representantes del pueblo se acentúan cada vez más conforme la verdadera política humilla la dignidad que le pertenece como parte esencial y definitoria del ser humano; los requisitos básicos que todo Estado soberano debe garantizar –salud, seguridad y educación- desaparecen en el horizonte. El Instituto Mexicano del Seguro Social, por ejemplo, está próximo a extinguirse; las instituciones de seguridad pública se baten en duelo con la corrupción interna, el narcotráfico y la delincuencia; la educación básica es deficiente y las universidades tienden a la desaparición como centros de estudio que reúnen todas las áreas del saber, comenzando por las humanidades y las ciencias.

Todo esto es consecuencia de la ideología dominante. Las formas de control cada vez más eficaces de la clase económicamente poderosa y la negligencia de los gobernantes en la mayoría de los países subdesarrollados se conjugan con la indiferencia de los pueblos. Esta situación se refleja en las universidades de México y del mundo. Los estudiantes universitarios enfrentamos un modelo educativo que se somete a las exigencias del mercado y que ignora la problemática social. No nos forman como profesionales, sino como herramientas de trabajo condenadas a la deshumanización. Es tiempo de cuestionar al sistema, de forzarlo a dar respuestas reales, efectivas y radicales, en tanto que deberán provenir de la raíz.

¿Cuál es el fin de la universidad? ¿Es posible canalizar hacia el pueblo y el país el producto de la educación superior partiendo de un presupuesto tecnócrata y neoliberal? ¿Las universidades actuales nos acentúan el ideal de la “sociedad de consumo” –ya que únicamente se nos forma para desempeñar un puesto- en lugar de orientarnos hacia una verdadera “sociedad del conocimiento”? ¿Los proyectos de reforma universitaria son coherentes en los objetivos elegidos para el mejoramiento de la educación superior y el modo de llegar a ellos?

1. La Universidad Autónoma de Nuevo León: una nueva visión sin fundamentos.

La Universidad Autónoma de Nuevo León vive en carne propia las consecuencias de las tendencias globales. Al igual que en el resto del mundo, las licenciaturas técnicas siguen desplazando a las licenciaturas teóricas, lo cual origina varios problemas, directa o indirectamente: saturación, falta de empleo, decadencia de la idea de universidad, ausencia de investigación y falta de respuesta a los problemas nacionales. Sin embargo, el impulso que conduce a esta Institución por los caminos trillados e infructíferos de la técnica y de la formación en los sistemas de producción obsoletos es más fuerte que la evidencia de los problemas con los que se enfrenta nuestra sociedad.

La “Visión del Futuro UANL 2012” refleja ese impulso al seguir los patrones fallidos establecidos por instituciones de reconocimiento mundial. Se adoptaron modelos que ya han comenzado a mostrar sus deficiencias en otros países del mundo, de tal manera que el rezago se hará patente en unos pocos años, así como sucedió con el programa “Educación para la vida 2006”. Esta ausencia de criterios sólidos para analizar los modelos aplicados es el reflejo de las mismas carencias generadas durante las décadas anteriores. La Universidad carece de profesionales capacitados para efectuar investigaciones de alto nivel acerca de las tendencias mundiales, tanto educativas, como económicas y sociales. Lo anterior es evidente, debido a que los proyectos y programas que han propuesto para alcanzar la Visión 2012 no consideran en ningún momento la verdadera realidad social. Hacen caso omiso de la crisis del sistema capitalista mundial, ignorando que las propuestas no pueden limitarse a lo establecido, puesto que la Universidad no debe ir a la zaga de los acontecimientos globales en un afán de ser contemporáneos, sino que debe constituirse en la vanguardia. Sólo esto nos podrá conducir a las respuestas que exige nuestra época.

La educación superior en nuestra Universidad se ha vuelto una cuestión de imagen, de eficiencia y de economía, es decir, no parece tener otra función que la de perseguir acreditaciones –indudablemente necesarias, mas no fundamentales- que certifiquen la calidad de la enseñanza ante el mercado laboral. Por esta razón, todos los proyectos de la Rectoría de la UANL han fracasado en la solución de los problemas que enfrenta nuestra sociedad. Ésto se debe a que únicamente se estructuran de acuerdo a los intereses económicos de las empresas. El frecuente cambio de proyectos universitarios (“Educación para la vida 2006” y “Visión del Futuro 2012”) es una clara evidencia del endeble fundamento sobre el cual se sostienen las metas de la Universidad. La Universidad está siendo el objeto de experimentación de los rectores.

La técnica no puede ser una respuesta a los problemas sociales que apremian a México y al mundo. Con esto afirmamos que las soluciones no son, por ejemplo, la promoción de la investigación tecnológica, ni la implementación de sistemas para la educación a distancia, ni la “comunicación permanente con los padres de familia”, ni la sobre-especialización, sino el estudio pertinente de las condiciones globales con las que el ser humano se enfrentará en el curso del siglo XXI. No promover en la universidad las investigaciones teóricas que tengan por objeto la humanidad –partiendo de la base de las humanidades (filosofía, letras e historia) y extendiéndose a ciencias como la biología, las matemáticas, etc.- sólo traerá como resultado la marginación del Estado mexicano respecto a las decisiones sobre los futuros cambios mundiales. Por esta razón, la situación actual de la Universidad es verdaderamente importante, dado que puede representar el primer paso para que México cumpla un papel fundamental en el panorama mundial del nuevo siglo.

Las respuestas radicales serán fundamentales para acceder a esa nueva posición. Si bien es cierto que es difícil predecir cuáles serán las consecuencias de dichas respuestas, al menos serán mucho más fructíferas que formar profesionales que cumplan funciones secundarias en la producción mundial u hombres que luchan por las migajas que las grandes potencias dejan “caritativamente” a los países más pobres. Estos últimos concentran la producción en los productos naturales y en los productos de bajo valor agregado, de modo que los técnicos que producen las universidades de México no son una solución para el desarrollo económico del país y, mucho menos, para los problemas sociales. La educación actual forma, en el mejor de los casos, algunos grupos elitistas de profesionales sobre-especializados que dirigen los hilos de la economía, la ciencia y la política nacionales o mundiales, según sea el caso. Sin embargo, esa no puede ser una respuesta satisfactoria, sobre todo en los países menos desarrollados, en los cuales las posibilidades de acceder a esos círculos son muy desiguales. Por otra parte, esta forma de organización del poder genera una gran desestabilidad, ya que, la mayoría de las veces, el conocimiento en manos de una sola persona se vende al mejor postor, lo cual repercute en detrimento de la población.

Tales consideraciones forzosamente nos abren los ojos acerca del valor real de la nueva “Visión del futuro 2012” y del alcance de los fines que son propuestos en ella como, por ejemplo, “estar en condiciones de enfrentar los grandes retos que plantean, desde ahora, el cambio socioeconómico, la eliminación de la pobreza, la protección del medio ambiente y el respeto a los derechos humano universales; reconocerlos desde un punto de vista nacional, profundamente social y basado en los profundos valores éticos del humanismo, arraigado en representaciones culturales que nos dan identidad y nos permiten participar, con una nueva perspectiva, en la construcción de un mundo mejor”. Sin embargo, la mayoría de las universidades y de los sistemas educativos del mundo coinciden en los fines, mas no en los medios ni en la voluntad de alcanzar tales objetivos. Es evidente que la UANL no opera conforme a los altos objetivos y expectativas que posee. Independientemente de la ideología laboral sobre la cual se basan las reformas de la Universidad, las nuevas transformaciones en la matrícula evidencian la profunda contradicción entre medios y fines.

2. La Facultad de Filosofía y Letras y los nuevos cambios.

El primer paso en el camino hacia la nueva Visión es la renovación curricular de la Facultad de Filosofía y Letras. Tal renovación no se detendrá en dicha Institución, sino que ha de extenderse a todas las facultades de la Universidad, comenzando por las Facultades que tienen carreras teóricas. Es claro que el plan obedece a la idea de hacer de esta universidad un tecnológico, dejando las humanidades como un área desconectada de la realidad concreta. Para ello buscan cerrar las Licenciaturas en Filosofía, Letras, Historia y Lingüística y formar la Licenciaturas en Humanidades y en Ciencias del Lenguaje.

En vista de dicha propuesta preliminar nos queda clara la razón por la cual, en la Visión 2012 los medios no corresponden a los fines. Creemos que no es posible formar estudiantes que tengan conciencia de las humanidades, de los valores sociales y de los cambios históricos que se acercan irremediablemente, desapareciendo las ciencias y las artes que dan fundamento a ello; no es posible formar una conciencia social a partir de consideraciones puramente mercantilistas; no es posible integrar al Estado mexicano en los procesos y cambios mundiales que se avecinan sin tener un amplio valor de la cultura mexicana, la cual se valida en el marco teórico de las licenciaturas que intentan eliminar en la Facultad de Filosofía y Letras. Porque no es lo mismo tener una acentuación que una licenciatura. La primera nos orienta, la segunda nos forma. Porque las acentuaciones, en el modo como pretenden imponerlas, no nos permite vivir el arte y la ciencia. Efectivamente se trata de “educación para la vida”, como reza el lema del plan 2006, pero todo lema es vacío sin conceptos que lo fundamenten. La aplicación concreta del anterior programa nos revela que las autoridades que dirigen nuestra Universidad no tienen idea de qué es la vida humana, así como tampoco tienen idea de qué son los valores, ni las humanidades, ni el arte, ni la ciencia.

Todo lo anterior nos demuestra que en nuestra Universidad las decisiones se toman conforme a las tendencias mundiales, sin una análisis crítico de la situación concreta de Monterrey y México, y con un examen parcial de los conceptos que se aplican en los planes institucionales. A ello se suma la arbitrariedad de los directores y maestros de nuestras facultades, quienes, generalmente, no defienden los intereses de los estudiantes con el único objetivo de ir ascendiendo en el escalafón burocrático o, bien, de mantener una jubilación que casi siempre se convierte en un modo de paralizar las potencialidades de los docentes. La base de las universidades es la formación de los estudiantes que, en último término, junto con las fuerzas productivas laborales, constituyen el soporte y el futuro de toda nación. Ni el aparato burocrático, ni la producción de empleados o técnicos, deberán suplir esa imprescindible función de la Universidad Pública.

Toca, pues, el tiempo a los estudiantes universitarios. Ha llegado el momento en que tengamos que responder ante una humanidad que continúa derrumbándose sobre los cimientos del poder económico. No podemos presenciar indiferentemente los gritos de un mundo que se devora a sí mismo. No podemos inmutarnos ante el derrumbe de nuestra Universidad y la crisis que se avecina. Los cambios son necesarios, pero queremos auténticos cambios. Como universitarios, las posibilidades de nuestra acción están en la Universidad; como ciudadanos, en México; como seres humanos, en el mundo. Las condiciones están dadas, es momento para que las aprovechemos.
¡Compañeros universitarios, luchemos!

“Alere Flammam Veritatis”
.Enero de 2005.